
Uno de los montajes que más llamó la atención fue un grupo de jóvenes que decidieron instalar una auténtica discoteca en la esquina de la calle Obispo. Se presentaron en la fiesta con una mesa de mezclas, altavoces, luces de colores y se disfrazaron de pinchadiscos, con lo que no sólo lograron sorprender a los presentes, sino que provocaron que muchos se quedasen alrededor para bailar.
Sin embargo, éste no fue el montaje más elaborado. A unos veinte metros se colocó una pandilla que consiguió hacerse famosa en todo el botellón. Estos pacenses decidieron imitar a los típicos puestos de comida que se instalan en estas fiestas: llevaron una mesa, carteles y, por supuesto, hamburguesas y salchichas. Todo era falso, pero aún así tuvieron muchas ofertas para vender su material.
En cuanto a disfraces colectivos, también llamaron mucho la atención un grupo de pilotos que llegaron al botellón con un avión construido por ellos mismos. Lo más gracioso del disfraz, sin embargo, fue el nombre que eligieron para su novedosa compañía aérea: Air Bellota. Además, el aeroplano no era un complemento decorativo, ya que incluía maletero para llevar el hielo, las botellas y los refrescos. Todo lo necesario para hacer el botellón.
Estos pilotos tuvieron que competir por ser los más fotografiados con otro grupo que también escogió
uno de los disfraces más originales. Vestidos de rosa y con una silla de tamaño infantil en la cabeza, consiguieron que muchas personas se parasen para preguntarles de qué iban disfrazados. La respuesta: de chicles pegados a una silla.
A nivel general, sin embargo, los disfraces de grupo fueron de temática más clásica: socorristas, sevillanas, hippies... Eso sí, se notó un cambio de tendencia con respecto a otros años.
En esta ocasión, hubo menos chicas en minifalda y botas altas y muchas más que optaron por abrigarse para poder aguantar en unas noches tan frías al pie del cañón. Entre los varones se puso muy de moda el disfraz de musculitos de cuerpo completo. No por estar guapos, sino porque abriga mucho. También se pudieron ver bastantes trajes de animales hechos de tela de pelo, otro elemento muy útil contra las bajas temperaturas.
Quienes no tuvieron este problema fueron los que acudieron al botellón vestidos precisamente de eso, de botellón. Estos pacenses se disfrazaron cada uno de una marca de alcohol con su etiqueta, el tapón y mucha imaginación.
Entre los disfraces más modernos destacaron algunos de toda la vida, pero que no dejan de ser sorprendentes. Este es el caso de tres chicos que se vistieron de la típica muñeca de la legión que antiguamente era muy codiciada como recuerdo de España.

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